Siempre me sentí orgullosa de ver que como ciudad, si podemos salir adelante. Es gratificante hacer parte de un proceso de ‘acreditación moral’ en Cali, y con esto me refiero a que personalmente tuvimos una meta, un compromiso, que se cumplió ante todo el mundo. No solo yo sino que todos los caleños nos sentimos enteramente agradecidos con nuestra ciudad porque somos símbolo en todo el mundo de que el futbol si prospera nuevamente aquí, y en nuestro país.
Comentarios como ‘el lugar es espectral, es monumental, la impecabilidad caleña se hace ver’ me suelen llenar el pecho de suspiros, de orgullo y alegría, y me provoca gritar ¡Vé, yo soy caleño! Pero ante cada buena situación suelen llegar malos momentos.
Lamentablemente, los monumentales costos casi nos cuestan la sede al mundial sub 20. Cerca de 80.000 mil millones de pesos fueron la causante de que se tomara esa decisión ante el Gobierno Nacional. Posteriormente, el Alcalde replanteó el costo de las obras y tuvo que hacer lobby político para que Cali fuera considerada nuevamente como sede, y redondearlos cerca de los 73 mil millones de pesos.
Considero que de verdad el estadio da una apariencia elegante, y a la vista resalta cierta frescura, meta que se logró con los extranjeros, pero siendo sinceros conocemos nuestra ciudad y sabemos cómo es todo ‘backstage’. Dentro de este, sale a relucir una silletería ‘manchada y rayada’, y teniendo claro que somos una ciudad cuya temperatura redondea los 27 a 32 °C el diseño del ‘techo’ del estadio deja entrar el sol, con todo su furor y no hace más que lograr un acaloramiento entre la hinchada. Y si llega a llover, vaya aguacero que nos va a caer. Se le suma un servicio de baño costoso además de alimentos con precios más que revendidos, son casi el triple o quíntuple del precio original. Sin dejar de mencionar que las escaleras del lugar eran demasiado altas para algunas personas.
Hubo una aceptación cultural amplia, pero esa amplitud redondea a las personas que no lograron ir a algún partido del mundial en el pascual (no encararon la realidad del lugar), a menos que hayan estado en el V.I.P., que a la vista daba una sensación de sin terminar. Para mí es muy convincente que la belleza del estadio es gigante (desde afuera), nos vemos como una ciudad más cívica y prometedora, casi como aquellos días en los que fuimos llamados ‘capital deportiva de América’. Pero seamos sinceros, la gramilla daba la impresión de estar pintada con un dedo (líneas de la cancha) y gastar 90 millones en una pantalla gigante, ¡esa es una colombiana! Pero tenemos la suerte de que los mismos extranjeros se hayan ido con una grata estadía y la visita al mejor estadio de Latinoamérica.
Esta remodelación inicio en el 2009 con adecuación de camerinos a la norma FIFA, se construyeron palcos en la tribuna oriental, zonas VIP en occidental, pantalla gigante en la tribuna norte y unos parqueaderos subterráneos en la tribuna sur; que deseamos no tengan el mismo destino como los parqueaderos de Meléndez que aún siguen enterrados, tras el paso de la ola invernal, del fenómeno de la niña.
Que las 'colombianadas' queden entre nosotros!!
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